«Es sencillo hacer que las cosas sean complicadas, pero difícil hacer que sean sencillas.»  F. Nietzsche

Las situaciones de dificultad o conflicto en el entorno profesional, además de verse influidas por condicionantes históricos, económicos, políticos o de cualquier otro tipo, cuentan con la dificultad añadida de las limitaciones de cada uno de los protagonistas que, al menos en teoría,  deberían contribuir a su resolución. Son por tanto situaciones en si mismas complejas ante las cuales cabe hacerse algunas preguntas:

¿Es posible solucionar los conflictos en equipos, proyectos y organizaciones?

Si existe la posibilidad de generar conflictos debería existir por tanto la posibilidad de resolverlos. Las situaciones de conflicto en general son complejas y requieren de aplicación de elementos reductores de dicha complejidad para poder abordarlas.
Un primer paso par la simplificación de estas situaciones nace tras plantearse tres cuestiones: ¿Sé cómo abordarlas? ¿Quiero hacerlo? ¿Tengo la capacidad para hacerlo?  Cuando hablamos de situaciones en las que las emociones y la irracionalidad pueden llegar a jugar un papel determinante, ¿sabemos que hacer o dejar de hacer para «simplificarlas»?

Quizá la respuesta sincera a esta cuestión  pueda ser  la clave, hemos aprendido a luchar, a ganar o a perder, pero quizá no nos han enseñado a solucionar, a resolver, a tratar de no dañar y lo que es más importante no dañarnos a nosotros mismos.

¿Qué hacer cuando las soluciones  no solucionan?

«El verdadero viaje de descubrimiento no es ver mundos nuevos, sino cambiar los ojos»  Marcel Proust

En nuestra relación con nosotros mismos, con los demás y con el mundo a menudo ponemos en práctica soluciones que se revelan como disfuncionales, llevándonos así a un estado emocional difícil de soportar. 
«¿Es que nunca voy a aprender?», «¡Estoy harto de deciros que seáis puntuales en la entrega de los informes!», «¿Cuántas veces tengo que decirte que recojas tu habitación?», «¡Ya no sé que tengo que hacer para que me escuches!»
Tenemos tendencia a pensar que frente a las dificultades y conflictos, aplicar el modelo de solución que funcionó en una situación similar nos permitirá obtener de manera automática el mismo resultado, como si se tratara de una receta de cocina o una fórmula mágica: «Si no funciona…¡hay que seguir insistiendo!» .
Esta idea puede ser el inicio de un modo de afrontar y gestionar las dificultades que, lejos de aportar soluciones, acaba por convertirse en un modelo redundante y profundamente disfuncional que se retroalimenta y hace más resistente con cada uno de nuestros repetitivos intentos por salir de él.
Necesitamos modos par hacer de otro modo, y en el entorno profesional este viaje pasa inevitablemente por la definición y puesta en práctica de un nuevo Posicionamiento Profesional Estratégico.

¿Qué es el Posicionamiento Profesional Estratégico?

No podemos abordar las dificultad en el entorno profesional con la misma actitud, ni las mismas herramientas con las que vamos a comprar el pan o a conversar con nuestros hijos, de ahí que hablemos de un Posicionamiento Profesional al que añadimos el término Estratégico para enmarcar el concepto.
Hablamos por tanto de un posicionamiento en el terreno profesional que debe estar:

  • Adaptado a cada situación y a cada persona, y en consecuencia inevitablemente cambiante 
  • Enfocado a la consecución de los objetivos del proyecto, el equipo o la organización.

Obviamente, tener  claramente definidos y acordados dichos objetivos y poseer las competencias y habilidades de comunicación y gestión emocional necesarias, son dos de los pilares necesarios para poder abordar la dificultad / conflicto protegiendo a la vez nuestra salud emocional.

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