Cuando creíamos conocer todas las respuestas…

“Cuando creíamos conocer todas las respuestas…de repente nos cambiaron las preguntas”
Mario Benedetti
El desempeño de nuestra tarea profesional ocupa más de un tercio de nuestra vida adulta.
Quizá la decisión que tomamos en un determinado momento de nuestra vida haya sido una fuente de satisfacción en multitud de ocasiones y con el paso del tiempo hayamos adquirido habilidades y acumulado experiencias que nos han ayudado a ser el profesional que un día soñamos.
Sin embargo, en las sesiones de formación que realizamos, ya sea con profesionales de la salud y la educación o con miembros de equipos comerciales o de atención a clientes/usuarios, los comentarios en el café del descanso, las preguntas que nos realizan en privado, los correos que recibimos al finalizar, nos indican que para una gran mayoría de los profesionales las cuestiones consideradas como urgentes revelan cada vez más la existencia de una sensación, incómoda e incluso molesta, de que “algo ha cambiado… a peor” en las relaciones profesionales.
Expresiones como “Hay que aguantar mucho”, “Antes las cosas no eran así”, “Tengo la impresión de pelearme continuamente”, “Algunos ya vienen con el hacha levantada”… no hacen más que poner de manifiesto la incomodidad, y porqué no el temor, con el que algunos profesionales abordan el comportamiento hostil y a veces agresivo que aparece en un cierto número de relaciones profesionales.
Elegir soluciones profesionales acertadas ante este tipo de comportamientos y situaciones “difíciles” es fundamental para poder abordar nuestra tarea de manera saludable. Proteger nuestro bienestar emocional sin generar trabas a los objetivos profesionales ni bloquear la posibilidad de futuros encuentros con los implicados debería de convertirse en un objetivo prioritario de nuestro desarrollo personal y profesional.
Desde esta óptica creemos necesario adoptar un posicionamiento profesional estratégico, adaptado a cada persona en cada situación concreta, incorporando a nuestra actividad algunas claves capaces de reducir la complejidad a la hora de abordar estas situaciones de dificultad.
Si estas reflexiones resuenan en ti, ¡ánimo! no estás solo, estamos contigo en el mismo camino.

Aprender, Crecer, Cambiar… o viceversa

«Cuando creíamos conocer todas las respuestas… de repente nos cambiaron las preguntas»
Mario Benedetti

Aprende, Crecer, Cambiar. Así nos han explicado el misterio de la vida, como si de los ingredientes inalterables de una receta milenaria se tratara, o bien de una fórmula de alquimia destinada a transmutar el animal indefenso que somos al nacer en el ser evolucionado y pensante en quien, no sin esfuerzo, podemos llegar a convertirnos.

Siguiendo esta  receta hemos «cocinado» desde hace unos cuantos siglos nuestros modelos de aprendizaje y su aplicación, ya sea dentro de la familia, los programas de la escuela, la universidad moderna o en cualquiera de las vías de aprendizaje profesional que hoy en día conocemos.

Según esta fórmula no es posible que se produzca el cambio sin que previamente se haya producido el aprendizaje que nos hacer crecer y madurar para poder llevarlo a cabo.

No seré yo quien discuta la eficacia de algo que lleva siglos funcionando, me considero un ferviente defensor de aquella vieja máxima: «lo que funciona… ¡ni tocarlo!», sin embargo no puedo dejar de preguntarme por todas aquellas veces en las que esta fórmula fracasa en su aplicación concreta ante determinadas situaciones o determinados individuos.

¿Qué pasa cuando aprender no me lleva al crecimiento y por tanto al cambio? ¿Qué pasa cuando no consigo aprender tal y como estaba previsto o programado? ¿Qué ocurre cuando no es posible el aprendizaje? ¿Qué sucede sí las herramientas que me ofrecen o el horario o el modelo no se ajustan a mis necesidades o a mis posibilidades reales? ¿Terminan aquí todas nuestras opciones de crecimiento y por tanto de cambio?

Demasiadas preguntas para una vieja fórmula.

Si algo nos define como especie es la curiosidad, el deseo de escudriñar allí donde nadie había mirado antes, de llegar a ese lugar que nadie antes había pisado, de «hacer» lo que nadie hizo antes. La dificultad lejos de ser un impedimento acaba por convertirse en el detonador que nos lleva a mover nuestras rutinas hacia nuevos espacios donde encontrar aquello que casi de un modo intuitivo necesitamos.

Ha llegado el momento de «hacer de otro modo», de empezar la casa por el tejado, de lanzarnos al cambio, tal vez la modificación de lo que siempre hacemos es el camino que nos llevará al lugar donde siempre quisimos ir.

Prueba otra receta: Cambiar, Crecer, Aprender, o tal vez Crecer, Aprender, Cambiar o por que no Cambiar, Aprender, Crecer y ¡a ver qué ocurre!